Gustavo Coronel: Memo a Ramón Guillermo Aveledo

Gustavo Coronel: Memo a Ramón Guillermo Aveledo

Apreciado compatriota:
Acaba usted de decir lo siguiente, en evento dedicado a Néstor Mandela:
“parte de los logros de Mandela fue tener voluntad de diálogo y esto pasa por el reconocimiento del otro. Se debe estar convencido de que es necesario el otro para la solución del problema. La lucha está, aunque ambas partes sostengan sus puntos de vista en convertir al otro no para que cambie de posición, sino a que tenga disposición al diálogo”. Y agregó: “Mandela, pese a pasar 27 años en la cárcel no se afincó en el resentimiento..más bien se dio cuenta de que la violencia no era el camino. Si en una sociedad donde las diferencias son tan abismales que se llevan a flor de piel se pudo, cómo no se va a poder en otras donde los problemas son mucho más sencillos”.
Sin duda sus palabras contenían un mensaje a los venezolanos sobre nuestra situación. Y ese mensaje, como yo lo entendí, era: es necesario sentarnos a dialogar con paciencia y perseverancia y ello requiere reconocer a la otra parte. La lucha no es para convencer sino para lograr el diálogo. No podemos afincarnos en el resentimiento, la violencia no es el camino. Si Mandela pudo, más podremos nosotros porque nuestros problemas son más sencillos.
No dudo de la buena intención que pueda existir detrás de su mensaje puesto que, a diferencia de otros compatriotas, creo en su  honestidad y venezolanidad y en la de la gran mayoría de sus colegas de la MUD. Sin embargo, estoy en vehemente desacuerdo con su postura. Y deseo razonar mi posición.
Recurrir al ejemplo de Mandela para justificar una inclinación al diálogo y a la reconciliación en la Venezuela de 2014 olvida que las circunstancias para Suráfrica y  Mandela eran bastante diferentes a las imperantes hoy en Venezuela. Debemos recordar que el inicio de la reconciliación en Suráfrica fue la decisión del gobierno de Frederick de Klerk de terminar con un apartheid que había sido política de estado durante años. En base a esa decisión se liberó incondicionalmente a Nelson Mandela y, eventualmente, se llamó a elecciones, en las cuales resultó Mandela elegido presidente y  Frederick de Klerk vicepresidente. El gobierno de de Klerk decidió auto-suicidarse, como hubiera dicho CAP, y liquidar el apartheid como filosofía de estado. Usted recordará que el premio Nobel de la paz fue concedido a ambos líderes, a Mandela y a de Klerk.
Ese gesto dio ímpetu y justificó la actitud de retribución posterior de Mandela. Cual sería, apreciado amigo Aveledo, el gesto del régimen venezolano actual que equivaldría al gesto de de Klerk? Entre otras decisiones: liberar de inmediato a todos los presos políticos y renunciar a la llamada revolución bolivariana y todo lo que ella implica en materia de absurdos ideológicos, con su documentable política de odio y apartheid hacia clases sociales y la disidencia política y con su política de alineamiento y de dádivas a los regímenes forajidos del planeta, dádivas que nos han condenado a un endeudamiento feroz y suicida.
Pero ese gesto o algo que remotamente se le parezca no ha sido dado por el régimen, ni se dará porque no está en sus corazones ni en su modesto intelecto. No hay en ellos grandeza ni visión.
Entonces. ¿Como ir al diálogo sin que ese gesto se dé? ¿Sin condiciones? ¿Un diálogo que, como usted mismo admite, requeriría reconocer a la otra parte? ¿ Reconocer todos los entuertos, todos los abusos, todas las violaciones? Nuestros problemas, apreciado amigo, no son más sencillos que los del país de Mandela.
Mientras ese gesto no se dió en Suráfrica  la postura de Mandela fue irreductible. Estaba en prisión precisamente porque había tratado de insurgir. Aun en prisión era un insurgente. Fué después del gesto del gobierno y desde su nueva posición de poder político que Mandela pudo ejercer plenamente su papel reconciliador.
Para que un Mandela venezolano aparezca deberá estar en posición de poder, en la presidencia. Quien ocupa esa posición de manera sujeta a revisión, el Sr. Maduro no es Mandela, aunque su apellido comience por M. ¿Ha dicho o hecho algo Maduro que nos recuerde a Mandela?
Con la M de Mandela podría escribirse Machado. O  López Mendoza. O Mendoza, el joven dueño de POLAR.  Ledezma casi rima con Mandela. Arria podría escribirse con la M de Mandela. Eso sí: para ser un Mandela venezolano será necesario pagar el precio, en términos de abierta rebeldía frente a la injusticia.

 

Prendamos, pués, la lámpara y recorramos las calles. Porque no es en la Miraflores de hoy donde lo vamos a encontrar.