Rafael Marrón G.: Una frase infeliz de Bolívar

Rafael Marrón G.: Una frase infeliz de Bolívar

thumbnailrafaelmarronGEn su Discurso al Congreso de Angostura, que, insisto, no refleja su verdadero pensamiento político porque fue un ejercicio diplomático para los países libres del mundo, especialmente Inglaterra, tal como lo expresa en carta a Santander el 27 de Diciembre de 1825: “El discurso que daré (en Bolivia) para probar su utilidad será muy fuerte. No dudo que será mejor que el otro de Angostura, pues ya no estoy en trance de transigir con nadie”, Bolívar desliza esta fase que ha servido a todos los dictadores de su América para erigirse herederos de su pensamiento: “¿Quién puede resistir el imperio de un Gobierno Bienhechor, que con una mano hábil, activa y poderosa dirige siempre, y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección social?”. Un pensador que aseguraba que “la sociedad desconoce al que no procura la felicidad general: al que no se ocupa de aumentar con su trabajo, talento o industria las riquezas y comodidades propias que colectivamente forman la prosperidad nacional” sirviendo la síntesis del poderoso Estado centralista y totalitario que propugnan de Fidel a Maduro. Qué contraste con el pensamiento de los fundadores de los Estados Unidos que basaron su Constitución en el precepto filosófico que consagra que “Los gobiernos se instituyen entre los hombres sólo para asegurar sus derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad!”. En su descargo, es evidente que Bolívar en Bolivia había entendido el tipo de “pueblo” que conformaba el extenso territorio de la nueva nación. La carencia de hombres ilustrados, la mayoría fueron sacrificados en la guerra, lo indujo a proponer ese gobierno paternalista que reta la razón por su probada capacidad destructiva del ser social productivo.

El Estado todopoderoso

Al respecto, suelo recordarles a los furibundos enemigos de los Estados Unidos que esa nación fue construida por colonos que llegaron a un desierto donde todo tuvo que ser construido. No había a quien pedirle ayuda ni a quien comprarle nada. No existía Fondo Monetario Internacional ni Banco Mundial y mucho menos “gobiernos de mano habilidosa y bienhechora”. Tuvieron que domesticar la tierra, producir, fabricar e inventar todo lo que hoy está al alcance de toda la humanidad, superando con creces su nación de origen. Miranda, que los visitó en 1783, escribe: “…puedo asegurar que… jamás encontré un individuo que demostrara estar desnudo, hambriento, enfermo u ocioso”. Fueron hombres y mujeres, estimulados por su Fe y absolutamente comprometidos con la convicción de que es el trabajo el que genera progreso. Y, por eso, el Estado es una institución al servicio de la sociedad, y los gobiernos, sin importar el signo político, son herramientas de continuidad administrativa, sucesivas y alternativas, de la sociedad, que ha creado un espacio geográfico para el ejercicio de la libertad, que es en la realidad un espacio impune para el pensamiento ascensional, de allí su inmenso poder de convocatoria para la inteligencia y la creatividad de individualidades de todos los rincones del planeta. Por eso es tan envidiado este país, porque se nota el bulto de sus realizaciones y no se reflexiona sobre una larga historia de trabajo constante y esfuerzo productivo, cuyo desarrollo es atribuido, sin mayor sentido crítico, al asalto a las riquezas naturales de sus vecinos. Este es el manido argumento de Fidel, coreado por los vagos “antiimperialistas” del planeta. Cuba está en la miseria por el embargo yanqui, pero nada dicen de los multimillonarios subsidios en dólares recibidos durante décadas de la Unión Soviética, usados para financiar un poderoso aparato represivo que logró impedir el nacimiento de 15 millones de seres humanos y sumir en la miseria a once millones de sobrevivientes. Y así, ese discurso establece que Latinoamérica no surge económicamente porque los Estados Unidos, que le compra el 50% de todo lo que produce, es rico: En Venezuela, con un ingreso petrolero y fiscal exorbitante, a partir de 1999, que se evaporó entre latrocinios, manirrotismo e irresponsabilidad administrativa, ha aumentado la miseria y la marginalidad en los último 16 años, porque los Estados Unidos existen. Argumentos de sinvergüenzas.





Esa premisa hay que sustituirla por el concepto de productividad

La verdad es que, como lo ha demostrado la historia, esos “gobiernos habilidosos de mano bienhechora” cuando no han derivado en populismos empobrecedores y castradores de la potencialidad productiva individual, deformando la definición de democracia y atándola a las perversiones de sus gobiernos demagogos, han sido feroces dictaduras corruptas, que han sepultado las esperanzas de estos pueblos latinoamericanos en la indigencia. Por ello, en lugar de continuar con el fracaso histórico del “gobierno bienhechor” en América Latina, que no ha entendido todavía que el problema es precisamente la cultura parasitaria – hoy bachaquera – la corrupción, el estatismo exagerado y la improductividad, es necesario hablar de sujeto productivo, adjetivo éste que ofende la sensibilidad de los comunistas, para generar una sociedad de bienestar de la que dependa el Estado, pero si los pueblos insisten en elegir gobernantes de cerebro cavernícola, que exudan “amor por los pobres”, por lo que la pobreza es su andamiaje, que debe crecer para poder ellos empinarse, no hay escape posible para esta región.

Conclusión

La única salida posible a la pobreza es el progreso derivado del desarrollo de la productividad del individuo en función colectiva. Trabajo, estudio y responsabilidad de parte de la sociedad, y estímulo a la inversión nacional e internacional con reglas de juego claras, descentralización y respeto total a la propiedad privada por parte del Estado cuyos gobiernos deben estar sometidos tajantemente a la Constitución sin posibilidad de cambiarla mientras estén en ejercicio del poder.

@RafaelMarronG

 

Vía La Cabra Loca