Ramón Peña: Capitulación

Una pregunta sencilla para los militares y civiles del régimen ¿Qué esperan para entregar la administración del país?

Los venezolanos no los quieren y ustedes ya no pueden ficcionar promesas para modificar ese parecer. Epistemológicamente, lo que les queda por entregar no es el poder. Porque poder ya no tienen, solo mando. Mando para reprimir en ausencia de poder. Poder es otra cosa, poder significa capacidad para dirigir una nación y hacerla progresar, competir con otros países, tener autoridad, hacerse respetar y, muy importante, contar con capital político. Lo tuvieron pero desaguaron su caudal.

No tienen capacidad de generar riqueza y son parias en las finanzas y el comercio internacionales. Son rechazados mundialmente, salvo por un puñado de autócratas y resentidos. Putin entre ellos, quien no emite más que un lejano ladrido.

El Socialismo del SXXI, aquel fantasma que recorrió Latinoamérica, ya es cadáver insepulto. El ejemplo de sus inspiradores terminó siendo el mayor acicate para el retorno al poder de las derechas del hemisferio.

Una encuesta reciente de una empresa internacional de investigación (Botón Rojo), realizada entre familiares de militares activos y los propios uniformados, revela que 81.1% favorece una transición pacífica y la realización de elecciones libres.

Par contre, emerge un fresco liderazgo, encabezado por el joven Juan Gerardo Guaidó, que aún no tiene mando, pero su poder ya es realidad incontestable y crece dentro y fuera del territorio nacional.

Para ustedes, como afirmaba Einstein, ”el futuro no existe, ya llegó”. Aún tienen chance para una retirada presentable. La Asamblea Nacional les ofrece una generosa concesión para la transición pacifica: la Ley de Amnistía. Solo tienen que colaborar o permitir la restitución del orden constitucional. En las guerras –y esto, por la devastación del país se asemeja mucho a una guerra- el mejor final siempre ha sido una capitulación.  No tiene sentido prolongar la agonía.