Cómo reducir riesgos al invertir en las grandes compañías tecnológicas

 

 

Cada vez es más difícil obtener rentabilidades por nuestros ahorros. Debido a las políticas monetarias adoptadas tras la crisis económica de 2008 por muchos bancos centrales de todo el mundo, los tradicionales depósitos bancarios ofrecen rentabilidades cercanas a cero. Comienza, por tanto, a ser interesante explorar opciones como las acciones bursátiles, sujetas a mayores rentabilidades, aunque también a mayores riesgos (pero solo en principio, tal y como veremos más adelante).


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Las empresas tecnológicas como salvavidas de la rentabilidad

Entre las que más rentabilidades han dado a los inversores, se encuentran las compañías que pertenecen al grupo GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple). Representan el futuro y se han consolidado como gigantes en sus respectivos sectores: Internet, comercio electrónico, redes sociales y tecnología. Con unos beneficios brutos en 2018 mareantes, parecen ser una buena apuesta para multiplicar la rentabilidad de nuestros ahorros.

Más de uno puede considerar invertir en estas empresas, pero también mostrarse reticente por el riesgo siempre inherente a estas operaciones. Es una duda razonable, ya que ser prudente es una de las claves del éxito a la hora de realizar cualquier inversión. Hay quienes no quieren jugársela a la hora de gestionar su dinero ahorrado. Pues bien, para ellos hay buenas noticias: la cuenta CFD como forma de invertir de manera inteligente.

Los CFD (contratos por diferencia) son una opción excelente de maximizar nuestras ganancias. Son un instrumento financiero cada vez más popular entre quienes desean tener un mayor control sobre inversiones que impliquen mayores riesgos que un depósito bancario de toda la vida. Son una herramienta diseñada para blindar nuestras operaciones con acciones bursátiles a largo plazo.

El funcionamiento de una operación típica con un CFD es el siguiente. Volvamos a situarnos en las empresas GAFA. Imaginemos que estamos ante un gráfico con la cotización de Google, Amazon, Facebook o Apple. Asombrados, constatamos que las rentabilidades en la última década han batido a casi cualquier otra inversión que hubiésemos podido realizar en dicha ventana temporal. Nos pica el gusanillo y empezamos a sopesar la idea de abrir una operación. De repente, el miedo nos atenaza y comenzamos a dudar: no queremos poner en peligro el dinero que tanto nos ha costado ahorrar.

Los CFD acuden al rescate. Podemos comprar acciones de una de estas potentes empresas tecnológicas con una garantía gracias a este instrumento. ¿Pero cómo? Es relativamente sencillo: al mismo tiempo que compramos nuestras acciones adquirimos un CFD de venta. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que por medio de un apalancamiento obtendremos beneficios en nuestra operación inicial a través del intercambio, no físico, del activo subyacente.

Esta “magia” es posible gracias al poder del apalancamiento. Al contrario que sucede con una operación de compra de acciones tradicional, donde si una acción vale 1 euro y queremos hacernos con 10 acciones necesitamos 10 euros, en una operación con CFD necesitaríamos solo 1 euro (por poner un ejemplo) para abrir una oposición por valor de 10 euros. Esto es posible porque el bróker nos financiará la operación y solo nos exigirá el depósito de una garantía. La otra cara de la moneda del apalancamiento es que podremos perder toda la posición si el precio se mueve en nuestra contra más de lo que nos permita nuestro capital de garantía. Esto puede evitarse si utilizamos los CFD solo como instrumentos de cobertura (como si fuese un seguro) y si calculamos bien nuestros precios de liquidación (hay calculadoras para ello disponibles en internet). Usándolos con inteligencia, los CFD son una excelente herramienta para proteger nuestras inversiones.


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