Maduro, 225 millones de dólares y un parque eólico que solo ventiló corrupción

Restos del Parque Eólico en La Guajira, estado Zulia. Foto: @LDanieri / Twitter

 

 

El Parque eólico La Guajira es otro de los monumentos al desastre que la corrupción chavista ha desperdigado por toda Venezuela. El 22 de abril de 2013, a pocas semanas de la muerte de Hugo Chávez, Nicolás Maduro inauguró en la población de Caimare Chico unos 12 autogeneradores que hoy se encuentran completamente fuera de servicio.

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“Hemos venido a inspeccionar lo que ha sido el arranque del Parque Eólico con la producción de 25 megavatios”, comentó Maduro por aquel entonces, ante las cámaras de la televisora estatal. En dicha transmisión, prometió que podrían producir eventualmente hasta dos mil megavatios “aquí, costa adentro”, una meta que planteó para el año 2019.

La construcción del complejo eólico fue aprobada por la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) y ejecutada por la empresa argentina Industrias Metalúrgicas Pescarmona S.A. (Impsa) por un valor de al menos 225 millones de dólares.

Cerca de las instalaciones se edificó un comando de la Guardia Nacional Bolivariana para garantizar su resguardo.

No es un secreto para nadie que el estado Zulia y otras regiones del Occidente venezolano son las más afectadas por la debacle energética. La que fuera una zona eminentemente industrializada, hoy solo posee despojos aquí y allá que testimonian grandezas pasadas.

Tan solo en 2016, ya los autogeneradores del Parque eólico La Guajira estaban inoperativos.

Un par de años después, el propio exministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, reconoció que el complejo fue vandalizado. Los funcionarios de la GNB brillaron por su ausencia.

Fotografías del periodista LeninDanieri certificaron recientemente que un par de torres ya se cayeron, mientras sus partes salen clandestinamente en camiones hacia la frontera.

“Puedo ratificar que he aprobado los recursos para ir a la segunda fase del parque eólico de La Guajira”, comentó Maduro a finales de 2013, cuando prometió instalar 50 torres.

“Vamos a producir dos mil megavatios con energía de Dios”, fue su liviana promesa.