Abraham Sequeda: El ABC para recuperar la República

Nos toca hoy en Venezuela una tarea de tal naturaleza, que dentro del catálogo de liderazgos solo la visión del tiempo futuro, permitirá la construcción de una República liberal.

Sin embargo, decir de una República liberal no significa el fin en sí mismo; sino que sería una especie de catalizador, a través del cual los poderes públicos, las instituciones de toda naturaleza y los ciudadanos, deben saltar décadas o tal vez siglos en el tiempo. Luego entonces ser testigo de una prolija germinación y desarrollo tanto de las empresas individuales como las que constituyen a través de una estructura jurídica.

Abro un paréntesis en la dificultad actual, la cual solo es reconocida y cuya “solución” se circunscribe en asomar una atomizada mejora en la dinámica de una economía paupérrima, del infierno sanitario, la descomposición de las instituciones, de un marginal esquema educativo y una delincuencia generalizada. Pareciera el mismo cuento del país desde 1830, y lo es. Aparte de algunos intentos en el siglo XX, Venezuela su sistema político, de Estado y el espíritu de un segmento importante de la legislación ha arropado y controlado todo el desempeño interno.

Cerrado el paréntesis nos queda el sinsabor y la impresión de que todo va a seguir igual. Lo seguirá siendo en la medida que no se supere lo que en el campo de la química se llama la energía de activación. Esta energía es una barrera, que haciendo analogía en nuestro caso, viene alimentada por los miedos inculcados y otros naturales por lo desconocido, por lo nuevo, que puede sentir cualquier persona que al no tener el conocimiento es presa fácil de los manipuladores.

Así mismo esas barreras se nutren de procedimientos desde el poder para la compra de conciencia incluso a empresas “grandes”, las cuales no pueden vivir sin los recursos que redistribuye el Estado-gobierno. Lo anterior viene unido a corrientes, partidos políticos, personajes e instituciones que son llamados de izquierda; que ejecutan doctrinas socialistas, marxistas y también las socialdemócratas, cuyas mayores propuestas terminan siempre en diseñar una sociedad a su imagen y semejanza.

El Liberalismo Político lo que hace es recoger el desastre de los poderes públicos, reduce el tamaño del Estado y limita el alcance del gobierno, para permitir de forma automática el fenómeno propiamente dicho de la República liberal, de la autonomía de poderes con base a líneas comunicantes, la libertad plena e igualdad ante la ley de todos sus habitantes, es decir, el ejercicio de la ciudadanía.

Entonces tendremos dos vertientes desde la construcción del Estado liberal: eliminación de toda política redistributiva de los recursos económicos, salvo los que sean para atender los servicios públicos regulados por el Estado más un sólido sistema de leyes y tribunales.

Por el otro lado, la aplicación del concepto de seguridad en su forma amplia, para mantener al ciudadano a salvo de amenazas y agresiones de cualquier tipo, tanto externas (seguridad de la nación) como internas para el goce y disfrute de su libertad individual, en contraposición con la expansión del Estado-gobierno.